Domingo 23 de noviembre

Nuestro valor en Cristo

… Jesús […] le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo… (v. 19).


La escritura de hoy: Marcos 5:1-6, 12-13, 18-20 Mike Wittmer  escribe:

Mario, de veintiocho años, era adicto al crack y al alcohol, y fue encarcelado por robo. En su sentencia, el juez dijo que era «un desperdicio de vida humana». Tristemente, él estuvo de acuerdo. A mitad de su condena, vio un anuncio para un concurso de periodismo. Le interesó y se inscribió en una universidad cercana en la que, después de su liberación, terminó su maestría en periodismo. Ahora escribe para The New York Times. ¡Ya no es un desperdicio!

La vida del endemoniado que vivía en los sepulcros parecía un desperdicio para los que lo conocían. Sus vecinos lo encadenaban para protegerse ellos y a él, pero «las cadenas [eran] hechas pedazos por él, y desmenuzados los grillos» (Marcos 5:4). Luego volvía a los sepulcros donde «de día y de noche, andaba dando voces […] e hiriéndose con piedras» (v. 5).

Jesús echó fuera los demonios y reinsertó al hombre en la sociedad. La gente estaba asombrada de verlo «sentado, vestido y en su juicio cabal» (v. 15). Agradecido, quería irse con Cristo, pero Él no se lo permitió, sino le dijo: «Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti» (v. 19).

La misión de ese hombre es nuestra misión. Contémosles a otros de Cristo. Por Él, ninguna vida es un desperdicio.

Reflexiona y ora

¿De qué te ha salvado Jesús? ¿Dónde estarías sin Él?

Padre, gracias por lo que valgo en ti.

Lunes 24 de noviembre

Esperanza en la espera

Pero no me habéis oído, dice el Señor… (v. 7).


La escritura de hoy: Jeremías 25:4-11 Tom Felten  escribe:

En 2020, Alida se hizo una prueba de ADN y descubrió una gran coincidencia con un hombre que vivía en la costa opuesta de Estados Unidos. Más tarde, encontró artículos de la década de 1950 que la llevaron a concluir que el hombre era su tío perdido: ¡Luis! Lo habían secuestrado cuando tenía seis años. Esa prueba realizada setenta años después, llevó a un feliz reencuentro con sus familiares biológicos. Alida dijo: «Nuestra historia podría ayudar a otras familias […]. Yo diría: no se rindan».

Setenta años es un largo tiempo para mantener viva la esperanza. Jeremías y el pueblo de Judá se habrán angustiado cuando Dios dijo: «servirán […] al rey de Babilonia setenta años» (Jeremías 25:11). No habían escuchado a Dios ni se habían vuelto del «mal camino y de la maldad de [sus] obras» (v. 5), lo que los había convertido en objeto de «escarnio […] y burla» (v. 9). En tiempos de Jeremías, el pueblo había sido condenado más de treinta veces por desoír al Señor. Aunque setenta años pueden parecer eternos, Dios estaría con ellos, y prometió que la dura temporada finalmente terminaría (29:10).

Ante desafíos que parecen no terminar nunca, recordemos que, aunque nos cueste confiar en Dios, Él promete estar con nosotros y amarnos (30:11). Al escucharlo y esperar expectantes, podemos hallar esperanza.

Reflexiona y ora

¿Cómo es posible soportar tiempos difíciles? ¿Dónde puedes hallar consuelo en las promesas de Dios?

Dios, ayúdame a esperar en ti.

Martes 25 de noviembre

Pedir ayuda a Dios

… Hasta aquí nos ayudó el Señor (v. 12).


La escritura de hoy: 1 Samuel 7:7-12 Patricia Raybon  escribe:

Cuando era más joven, pensaba que era inapropiado pedirle a Dios que me ayudara a cumplir con plazos de escritura. Otras personas tienen necesidades mayores, me decía. Problemas familiares; crisis de salud; decepciones laborales; necesidades financieras. He enfrentado todo eso también, pero cumplir con un plazo de escritura parecía demasiado pequeño para llevarlo ante Dios. Sin embargo, cambié de opinión tras encontrar múltiples ejemplos en la Biblia sobre la ayuda de Dios a personas, sin importar el desafío que enfrentaran.

En una historia, los israelitas estaban desanimados ante el ataque de sus enemigos, y le dijeron a Samuel: «No ceses de clamar por nosotros al Señor nuestro Dios, para que nos guarde de la mano de los filisteos» (1 Samuel 7:8). Entonces, Samuel sacrificó un cordero a Dios y clamó a Él por Israel, «y el Señor le oyó» (v. 9).

«Y […] mientras Samuel sacrificaba el holocausto, los filisteos llegaron para pelear con los hijos de Israel. Mas el Señor tronó aquel día con gran estruendo […] y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel» (v. 10). «Tomó luego Samuel una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y le puso por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó el Señor» (v. 12), conmemorando la ayuda del Señor.

Siempre es apropiado pedir ayuda a Dios. Clamemos a Él hoy.

Reflexiona y ora

¿Qué ayuda necesitas de Dios? ¿Por qué es vital que clames a Él?

Dios, te necesito.

Miércoles 26 de noviembre

Cuenta tus bendiciones

… todo el pueblo aclamaba con gran júbilo, alabando al Señor… (v. 11).


La escritura de hoy: Esdras 3:1, 4-6, 9-11 Alyson Kieda  escribe:

Cuando era niña, me encantaba el himno «Bendiciones cuántas tienes ya». La canción anima al combatido por la adversidad a contar cuántas bendiciones Dios le ha mandado. Años más tarde, cuando mi esposo estaba desanimado, solía pedirme que le cantara esa simple canción. Entonces, yo lo ayudaba a contar sus bendiciones. Al hacerlo, dejaba de centrarse en sus luchas y dudas, y enfocaba sus pensamientos en Dios y en sus razones para estar agradecido.

El libro de Esdras describe al pueblo de Dios centrado en el poder y la provisión del Señor mientras enfrentaba desafíos abrumadores. Después de soportar décadas de cautiverio en Babilonia, el rey Ciro les permitió regresar a Israel para reconstruir el templo (Esdras 1-2). Solo volvieron algunos (2:64). A pesar de su «miedo de los pueblos de las tierras» y la gran tarea por delante, reconstruyeron el altar y pusieron los cimientos del templo (3:3, 10). Y luego, «cantaban, alabando y dando gracias al Señor, y diciendo: Porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia sobre Israel» (v. 11).

Si estás desanimado o enfrentando obstáculos aparentemente insalvables, enfoca tus pensamientos en Dios. Cuenta tus bendiciones y «te sorprenderás cuando veas lo que Dios por ti hará», tal como lo ha hecho a todos los que lo aman.

Reflexiona y ora

¿Cómo te ha ayudado en situaciones difíciles contar tus bendiciones? ¿De qué estás agradecido?

Dios, gracias por todo lo que has hecho por mí.

Jueves 27 de noviembre

Una gratitud humilde

Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él (v. 6).


La escritura de hoy: Proverbios 22:1-6 Katara Patton  escribe:

Un Día de Acción de Gracias, llamé a casa para saludar a mis padres. Mientras hablábamos, le pregunté a mi madre por qué cosa estaba más agradecida. Ella exclamó: «Porque mis tres hijos saben cómo invocar el nombre del Señor». Para mi madre, que siempre había enfatizado la importancia de la educación, había algo más valioso que el que a sus hijos les fuera bien en la escuela y se cuidaran solos.

Su sentir me recuerda Proverbios 22:6: «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él». Si bien es más un principio sabio que una promesa, y muchos hijos se alejan de Dios al menos por un tiempo, ella y mi padre se habían esforzado para que amáramos a Dios con humildad y reverencia (v. 4); primordialmente mediante el ejemplo. Ahora podían vernos crecer y disfrutar de una relación personal con Él. Aunque algunos hijos responden a la instrucción amorosa de Cristo, a otros les lleva quizá más tiempo oír su voz. Es por estos preciosos hijos que seguimos orando y descansando en el tiempo de Dios.

El amor reverente a Dios trae riquezas espirituales para esta vida y el más allá (v. 4). Y aunque no podamos controlar lo que decidan hacer los hijos, sí podemos descansar en la esperanza de que Dios seguirá obrando en sus corazones.

Reflexiona y ora

¿Quién te mostró el amor de Dios? ¿Cómo lo amas con reverencia?

Dios, ayúdame a amar y discipular bien a otros.

Viernes 28 de noviembre

¿Una ciudad que vale la pena buscar?

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo… (v. 8).


La escritura de hoy: Filipenses 3:1-9 Karen Pimpo  escribe:

En mayo de 1925, Percy Fawcett envió una última carta a su esposa antes de ingresar en las inexploradas selvas de Brasil. Buscaba una legendaria y esplendorosa ciudad perdida, decidido a ser el primer explorador en compartir su ubicación después de años de búsqueda. Pero su equipo de exploradores se perdió, la ciudad nunca fue encontrada y muchas expediciones fracasaron en recuperarla.

Aunque su coraje y pasión eran admirables, se desperdiciaron en una ciudad perdida que nunca pudo alcanzar. Si somos sinceros, hay muchas metas inalcanzables en nuestras vidas que tienen un poder similar sobre nosotros. Pero hay un verdadero tesoro para cada persona que vale la pena buscar con todo nuestro corazón, mente y fuerza.

En su carta a los creyentes en Filipos, Pablo lo expresa así: «estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor» (Filipenses 3:8). A diferencia de una ciudad legendaria, que traiga riquezas, fama o poder, conocer a Jesús y creer en Él es un tesoro sin igual. Las metas seculares o incluso la apariencia de rectitud por cumplir con la ley, no son nada comparadas con conocer a Jesús (vv. 6-7). ¿Estamos gastando nuestro tiempo y energía en algo que nunca puede satisfacer? Que el Señor nos ayude a evaluar qué «ciudad» estamos buscando.

Reflexiona y ora

¿Qué tesoro estás buscando hoy? ¿Cómo te ayuda a alinear correctamente tus prioridades conocer a Jesús?

Jesús, gracias por conocerte.

Sábado 29 de noviembre

La gracia suficiente de Dios

… me fue dado un aguijón en mi carne… (v. 7).


La escritura de hoy: 2 Corintios 12:2-10 John Blase  escribe:

Flannery O’Connor es una de las escritoras más reconocidas del sur de Estados Unidos. Sus historias abundan en sufrimiento y gracia. Cuando su amado padre murió de lupus cuando ella tenía quince años, se volcó devastada a escribir su primera novela. Pronto, a ella misma le diagnosticaron lupus, una enfermedad incurable que le quitó la vida a los 39 años. Los escritos de O’Connor reflejan su angustia física y mental. La novelista Alice McDermott dijo: «Creo que fue la enfermedad lo que la convirtió en la escritora que es».

No sabemos cuál era el «aguijón» de Pablo (2 Corintios 12:7), pero sí sabemos que él dijo: «tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí» (v. 8). También sabemos que Dios no lo hizo (v. 9). Esto lo volvió humilde; y señala cómo impidió que se enalteciera (v. 7). Su aguijón lo moldeó y lo hizo el apóstol que fue. Pero el aguijón no fue todo, ya que con él llegaron la gracia suficiente y el poder perfeccionador de Dios, para que el atormentado apóstol declarara: «cuando soy débil, entonces soy fuerte» (v. 10).

Los aguijones en nuestras vidas, cualesquiera que sean, nos moldean. Nos hacen quienes somos. Pero no son todo. Tal como experimentaron Pablo, O´Connor y tantos otros a lo largo de la historia humana, la gracia de Dios nos es suficiente.

Reflexiona y ora

¿Cuáles son los «aguijones» en tu vida? ¿Cómo puedes permitir que la gracia y el poder de Dios sean suficientes para ti hoy?

Dios, tu gracia me es suficiente.

Domingo 30 de noviembre

Cómo vivir bien

[Enoc] anduvo fielmente con Dios… (v. 24 nvi).


La escritura de hoy: Génesis 5:21-24 Karen Huang  escribe:

Pedro empezó a seguir a Jesús a los 50 años. Había sido un hombre airado y vengativo que lastimaba a quienes lo rodeaban. Tras ser discipulado en su iglesia, sintió remordimiento por su pasado. «Ahora tengo menos años por delante que los que tengo detrás —dijo—. Quiero vivirlos bien. Pero ¿cómo?».

Pedro encontró su respuesta en una fuente impensada: una genealogía. Al leer el relato de Moisés sobre el linaje de Adán, notó que una frase se repetía para describir a sus descendientes: «Y fueron todos los días de […]; y murió» (ver Génesis 5:8, 11, 14, 17, 20, 27, 31). Pero a un hombre se lo describía distinto.

De Enoc, decía que «anduvo fielmente con Dios» (vv. 22, 24). Se acercó a Dios, y así pasó su vida en la tierra. Por su fe, «tuvo testimonio de haber agradado a Dios» (Hebreos 11:5). Confió firme y permanentemente en quién era Dios y lo que haría por los que lo buscaran (v. 6). Demostró su confianza en el Todopoderoso al obedecerlo y actuar conforme a ello. Y tal fue su fe que Dios no dejó que experimentara la muerte física (v. 5).

La respuesta a la pregunta de Pedro sobre cómo vivir bien su vida fue: «Andando fielmente con Dios».

Nuestra vida terrenal no tiene que resumirse en un número, sino en nuestra fe, lo cual permite que Dios obre de formas que no podemos enumerar.

Reflexiona y ora

¿Cómo se manifiesta en tu vida andar fielmente con Dios? ¿Cómo puedes demostrar tu confianza en Él?

Padre, ayúdame a andar fielmente contigo.